El fenómeno de El Niño ya está instalado en Argentina y los pronósticos oficiales coinciden en que continuará con una intensidad fuerte o muy fuerte durante los próximos meses, con una incidencia especialmente marcada entre la primavera y el inicio del verano.
La señal dejó de ser una hipótesis climática para convertirse en un factor activo que condiciona el régimen de lluvias, el comportamiento de las grandes cuencas y la planificación productiva en distintas regiones del país.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó en su boletín de septiembre de 2026 que las condiciones del ENOS corresponden a la fase cálida y que existe una probabilidad del 100% de que El Niño se mantenga durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con una intensidad fuerte o muy fuerte.
Entre inundaciones y sequías, El Niño podría tener un fuerte impacto en el agro en 2027El diagnóstico coincide con las perspectivas difundidas durante las últimas semanas por distintos organismos y especialistas, que ubican el período de mayor impacto entre fines de la primavera y los primeros meses del verano.
José Luis Stella, climatólogo del SMN, explicó a Infobae que la comunidad meteorológica venía anticipando desde hace meses la posibilidad de un episodio de gran magnitud. "Se pronosticaba que iba a ser un evento muy fuerte y en estos meses se fue confirmando", señaló.
El fenómeno de El Niño podría ser “el más potente” en cuatro décadas, alerta la ONUAunque la clasificación puede variar entre los distintos centros internacionales, el escenario general no cambia: Argentina atraviesa una fase de El Niño que persistirá durante varios meses y cuya evolución deberá ser seguida de cerca.
Las primeras señales aparecieron durante el invierno
Los efectos comenzaron a observarse durante el invierno. Stella detalló que a mediados de julio aparecieron señales compatibles con el patrón típico del fenómeno, acompañadas por alteraciones en la circulación atmosférica y una sucesión de eventos extremos en diferentes sectores del Cono Sur.
"Se vio un poco la circulación asociada y todos los fenómenos extremos que estuvieron atravesando parte de la cordillera. Chile estuvo muy afectado, Argentina, nevadas históricas, lluvias en el litoral, lluvias en Patagonia, frío en Patagonia sur", indicó el especialista.
Ahora, con el avance de la primavera, la atención está puesta especialmente en el comportamiento de las precipitaciones y en la posibilidad de que se produzcan tormentas intensas y acumulados importantes en períodos cortos.
El norte del Litoral, en el centro de la escena
En Argentina, una de las señales más claras del actual episodio de El Niño se concentra en el noreste y el Litoral. Los pronósticos estacionales señalan allí la mayor probabilidad de precipitaciones superiores a la media.
El informe climático trimestral del SMN para septiembre, octubre y noviembre ubica al norte del Litoral entre las regiones con una señal más marcada de exceso de lluvias.
Para Stella, esa zona "es la clave" en esta etapa del fenómeno. Sin embargo, el especialista advirtió que, a medida que avance la primavera, las probabilidades de lluvias superiores a lo normal podrían extenderse hacia el sur y el centro del país.
En un escenario de El Niño fuerte o muy fuerte, toda la franja húmeda y el este de Argentina quedan más expuestos a episodios de precipitación abundante, con posibilidades de acumulados superiores a los promedios históricos.
Otros informes recientes anticipan que en sectores de Misiones y el norte de Corrientes las anomalías previstas para septiembre podrían superar los 150 a 200 milímetros. Se trata de zonas donde normalmente se registran entre 120 y 150 milímetros durante ese mes.
Si esa proyección se cumple, los acumulados podrían superar los 300 milímetros.
El riesgo no termina donde cae la lluvia
Uno de los aspectos centrales del fenómeno es que el riesgo hídrico no depende exclusivamente de la cantidad de lluvia registrada en cada localidad.
En Argentina, una parte importante de la problemática está vinculada con la respuesta de las grandes cuencas, especialmente las de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. Las precipitaciones registradas aguas arriba pueden traducirse posteriormente en crecidas, desbordes y anegamientos en zonas ribereñas, incluso varios días o semanas después.
Esta situación aparece de manera reiterada en los informes técnicos vinculados con la campaña 2026/27.
El INTA advirtió que esas cuencas y sus tributarios podrían presentar situaciones de riesgo para producciones y poblaciones rurales próximas a los planos fluviales, debido al incremento del caudal y de la altura de los cursos de agua.
Las crecidas de los ríos Paraná e Iguazú, en particular, pueden intensificarse a partir de lluvias excesivas en la cuenca alta.
Esto amplía el alcance del fenómeno. Una provincia que no registre el máximo acumulado de lluvias en forma local también puede verse afectada por la dinámica regional del agua. Las consecuencias pueden alcanzar a puertos, rutas, caminos rurales, barrios bajos y áreas productivas.
Buenos Aires y la región pampeana, bajo mayor vigilancia
Si bien la señal más definida se encuentra en el noreste, otras regiones también ingresan en una etapa de mayor atención.
El escenario previsto para la primavera contempla lluvias entre normales y superiores a lo normal en sectores del centro-este del país, además de temperaturas por debajo de la media en parte del centro y del sur.
En ese contexto, Buenos Aires, La Pampa, el sudoeste bonaerense y distintas zonas del centro del país aparecen bajo una vigilancia creciente.
El riesgo en esas áreas no está relacionado únicamente con la posibilidad de que se registren lluvias frecuentes. También resulta determinante la situación previa de los suelos.
Cuando los perfiles ya se encuentran cargados de humedad o las napas permanecen altas, la capacidad de absorción disminuye. Ante nuevos episodios de precipitaciones, aumenta entonces la posibilidad de anegamientos.
En las ciudades, el escenario también puede generar una mayor presión sobre los desagües pluviales y la infraestructura de drenaje.
Los especialistas en meteorología consideran que la primavera será una etapa clave para determinar cómo evoluciona el fenómeno en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde la principal preocupación está puesta en la posibilidad de lluvias más frecuentes, tormentas intensas y acumulados importantes en lapsos breves.
Un impacto desigual sobre el campo
El sector agropecuario también deberá seguir de cerca la evolución de El Niño, aunque el impacto no será igual en todas las regiones.
El INTA remarcó que las consecuencias dependen de diferentes factores, entre ellos la región, la posición del lote y el momento del ciclo productivo.
El organismo señaló que "los extremos de excesos hídricos se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas", mientras que otras áreas pueden atravesar años Niño con condiciones favorables e incluso excepcionales para la producción.
Por eso, el actual escenario climático presenta un mapa de riesgos que no es uniforme. Mientras algunas regiones deberán prepararse para lluvias abundantes, crecidas y posibles anegamientos, otras podrían encontrar en el aumento de las precipitaciones condiciones beneficiosas para sus actividades productivas.
Con El Niño instalado y una intensidad que se proyecta fuerte o muy fuerte al menos durante los próximos meses, la evolución de las lluvias, las grandes cuencas y el estado de los suelos será uno de los principales factores a seguir durante la primavera y el comienzo del verano.